Texto de MERARI
Las náuseas invaden mi garganta, me ahogan, me quitan la respiración.
Todo lo visible se ha mezclado en una imagen borrosa, tan estridente que ciega la razón.
No sé en qué momento se activó este ciclo interminable, como una lavadora atorada.
Sabíamos que esta historia no tendría un futuro y aun así nos aferramos a ella.
Cada problema se enfrentaba a una solución bastante infantil; todas aquellas formas en las que se enalteciera nuestro ego que orillaran al otro a doblegarse. Cuando eso no fue suficiente se convirtió en un juego de poder aún más especializado utilizando como lanza aquello que la humanidad ha considerado lo menos letal, y ciegamente a confiado para construir realidades. La idea era exhibir la vulnerabilidad del otro y manipular la confianza.
Pero frágil como siempre la perseverancia, y antigua como siempre el principio de energía, nos aburrimos pronto…quizás para darle paso a un nuevo juego aún más perverso.
Después de meses creí que retomaría mi camino peor o mejor que como estaba antes de la loca vida en que le conocí, lo importante es que avanzaría, cambiaria después de lo vivido. Pero…. parecía que el tiempo se detenía, incluso que retrocedía.
Las náuseas me asfixian.
Todo comenzó tan intenso y pasional como si fuera el primer viaje de un estupefaciente, quizás por eso no vimos un paso adelante.
Nos entregamos tanto, que en cada combate las paredes de la habitación se disolvían. N o existía el tiempo, ni el espacio. Y en esa disolución también se derretían las marcaras y personajes creados para seducir. En el acto el gran ojo de la conciencia que todo lo ve, fue descifrando nuestros verdaderos entes, quizás desde ese punto comenzó el declive de esta unión.
Este girar sin fin me aturde tanto la cabeza que se me revuelven las memorias….
Lo poco que recuerdo es que agotadas las ganas, gastadas las paciencias y las verdades exhibidas, tomamos una decisión si bien no consensuada, sí arrinconada por la determinación del otro. Pero no antes de sacar nuestro arsenal de ataques, acusaciones, y defensas en un campo de batalla encarnado ferozmente.
Habrían pasado pocos días de esa decisión final. Creyendo que era el acabar de un nosotros y con el peso de la ausencia que me hundía hasta el fondo de mi cama, un noche rompiste el silencio de mis sombras solitarias con una llamada, pidiendo perdón en tu característica timidez arrogante. Quizás aún en el amor que sentía por ti (o a lo mejor fue un miedo a esas soledades) sin dudarlo quise recuperar lo que quedaba de afecto sembrado en la coraza de metal que resguarda tu ternura. Pero todo fue como acercarse a un perro cabizbajo y sumiso que a la pronta cercanía tira la mordida.
Herida la carne, nuevamente me aleje. Invadido mi ser de rabia y traición; odiándote, deseando todas las calamidades del karma sobre tu persona. Y ahora si con un nunca más en la mente alimentada por resentimiento.
En la intención de cauterizar las aún sangrantes heridas con alcohol, seguía el peregrinar que en un pasado recorriéramos juntos, en un ingenuo perdón se construía la esperanza de qué motivada tu persona los las melancolías, nos llevara al encuentro en alguno de esos lugares. Y en una religiosa constancia, ya era de cada semana estar visitando bares, cantinas y antros.
Hasta que en una piedad divina entre luces estrambóticas, y humores desenfrenados, en alguna alucinación por el alcohol y la oscuridad, comenzaba a materializarse tu silueta, se iluminaba tu rostro, y asumía los rasgos que en un principio vigorizaron mis hormonas. Sonreías con tu afabilidad y seguridad de la primera seducción, como polilla hacia la luz, me fui acercando a paso de temor y curiosidad. Al girar tu perfil y quedar frente a frente sentí que cada órgano de mi tórax había vencido sus cuerdas de las que pendían y colapsaban al fondo de mi dorso.
Se encendían de nuevo en nuestras miradas el fuego y cariño, todo volvía a desaparecer, quedando en el vacío de un universo ficticio únicamente nuestras identidades. Entre conversaciones cordiales y diplomáticas nos poníamos al corriente de nuestros andares ya ajenos al otro. Avivado el deseo por estos elixires que destilan el alma, nos entregamos a un batir de cuerpos y sudores en lo que siempre fue nuestro refugio, bañándonos de promesas y proyecciones que para ese entonces no nos importaba que fueran ciertas, tan solo queríamos creer ambos que eran posibles como recompensa al sacrificio y el dolor…
Pero gran mal fue construir utopías al calor de la carne que en el retorno a la claridad quedaban en el limbo de lo que no será. Después de esa noche, volvió el silencio donde se congelaba una perspectiva irreal de lo que creíamos que estábamos cimentando con integridad en cada intento tan afanoso. Un intento que comenzaba a consumirnos por dentro, dejándonos huecos, recubiertos es una corteza frágil que comenzaba a despezarse.
Sumergida la vida en la rutina, a trastabilleos intentaba seguir mi día a día, en uno de estos ritmos diurnos, comenzaba a transfigurarse mi cordura en alucinaciones fantasmales, pues sin ya pensarte, invocarte o sentirte, llegaba a mi tu presencia y te veía en cada esquina, en cada punto de la realidad. Imágenes que se enfrentaban a un ¨jamás retornare ti¨ construida por una dignidad tardía. Y como conjuro de sanación esas iconografías de tu ser desaparecían.
Ahora este constante mareo que me revienta la cabeza me ha licuado la conciencia a tal punto que no sé cómo seguir en este relato ni a donde parara.
…Y te vuelvo a ver, y nuevamente te digo adiós, escapo de ti, veinte paso más te vuelvo a ver y nuevamente un adiós, un jamás, un nuca. Adelanto mis pasos, apareces de nuevo como un imán siguiendo a otro. Desconcertada por la situación, corro con toda la condición de mi cuerpo, al voltear atrás te veo tan cerca de cada paso mío. Aterrada ante esto sin explicación, corro nuevamente entre el ardor de mis piernas y el corazón palpitando en mi cerebro, corro sin dirección, evitando ser predecible, escondiéndome furtivamente, pero ahora las calles comienzan a tomar el mismo tinte, el mismo espacio, la misma forma en cada corrida nueva.
Asfixiada por las náuseas, las fosas nasales tapadas por el vómito, el estómago vacío, y la garganta carcomida por los jugos gástricos de cada nueva arqueada.
Ahora corro sin descanso, buscando una salida a esta escena que se repite a cada segundo, anclada tu imagen a cada paso que doy. Persiguiendo un final y un adiós que nunca llegan.
BUCLE
Bucle
Última modificación: 2025-06-07 15:53 (hora CDMX)