Texto de Diana Lau
XIBALBÁ
Abrió sus ojos para encontrarse en medio de la oscuridad, sin embargo, como pasaron los segundos sus pupilas se adaptaron y percibieron los pequeños rayos de luz que acribillaban las paredes, después, tubo conciencia del frio que atesoraba ese lugar, lo cual la impulso a levantarse del lecho de piedra. Desconocía como había llegado allí y hasta ese momento no recordaba nada de su vida, permaneció sentada sobre las rocas, tratando de entender su situación, de pronto un aullido estruendoso la hizo asombrarse,
¿Un lobo? Se preguntó, o ¿un coyote? También podría ser un chacal, zorro o un perro, este último le hacía sentir el mismo miedo que los demás.
- Tranquila – dijo una voz – no te haré daño. Ella observó a su alrededor, sin saber de dónde provenían esas palabras.
- ¿Quién eres? – preguntó, al mismo tiempo que de un salto se hizo presente una enorme bestia con ojos de fuego.
- Mi nombre no importa, estaré poco tiempo contigo – respondió posando su hocico frente al rostro de la joven, quien se quedó perpleja por el aspecto de aquel ser, solo pudo mantener su mirada en él unos instantes, pues en sus ojos se figuraban muchas personas quemándose, no obstante, también se percató de los afilados dientes que de su hocico resaltaban; el sentido de repulsión la invadió, pues a sus ojos era abominable.
- ¿Puedes hablar? – Mencionó después de unos minutos, esquivando la mirada.
- No – expresó el animal – tú puedes entenderme.
- De acuerdo, me parece muy bien – musitó, deseando no ser devorada en ese momento - pero, ah, este, ya, ya quiero irme a mi casa.
- Precisamente por ello que estoy aquí, es mi deber aproximarte a tu destino – Indicó.
- ¿Ese destino es tu estómago?
- Sube a mi lomo – mencionó ignorando la pregunta.
- No gracias, mejor camino – expresó la chica, acercándose al límite de la cama.
- Espera – escuchó, a la vez que observó el abismo bajo sus pies.
- Ah… - gritó - ¿Dónde rayos estoy? – había creído estar en una habitación muy grande, sin embargo, en realidad la piltra en la cual se hallaba semi recostada era un pilar de tierra y piedras de quizá 2 metros de largo y ancho, al aproximarse al borde de esta, solo se encontraba el vacío, con una profundidad incalculable.
- Has tenido el honor de ser recibida en el hogar de nuestro emperador a pesar del acto que cometiste – Mencionó con severidad el animal.
Ella encogió sus hombros mientras buscaba en mí lo que había hecho, cuando le mostré la imagen, también ordené a las lágrimas brotar para consolarla.
- ¿Qué pasará conmigo? – susurró.
- Eso tú lo decidirás, sube a mi lomo, debemos irnos - muy pausadamente se levantó, pues no quería hacer lo que le ordenaban, con gran disgusto puso la mano sobre la piel de este, hecho que le provocó al instante aversión y la orilló a alejarse de él.
- Lo siento – dijo al cabo de varios segundos – no había tocado antes una piel tan fría y áspera como la tuya - él no brindó ninguna respuesta, parecía estar acostumbrado a ese trato.
La joven se acercó nuevamente un tanto apenada por lo ocurrido, después intentó subir, pero la estatura de este hacía imposible que ella lo consiguiera, entonces, él dobló su muñeca izquierda delantera y ella aun con mucha dificultad logró montarlo, después la bestia dio un salto a las tinieblas.
Cabalgaron cual flecha disparada, hasta encontrarse frente a una cueva cuya puerta era el rostro de una calavera, al ingresar todo era silencio, algunos agujeros en la parte superior permitían la iluminación del sitio, ella se sorprendió por la belleza del lugar, paredes cubiertas de plantas con hojas blancas, columnas morrones que sostenían el techo y estalagmitas con forma de humanos, que cualquiera pensaría que deseaban escapar, se percató que incluso allí existía colores que jamás había visto, como el que reflejaba el agua, no era azul, no era verde, era inefable.
- No puedo continuar contigo – dijo aquel monstruo – ahora proseguirás sola – ella volvió su mirada hacía el y pudo ver claramente aquel rostro arrugado y sin pelaje, sus orejas grandes y puntiagudas, continuó bajando la mirada, descubrió un cuerpo similar al humanoide, pero con una joroba que lo destinaba a caminar en 4 patas, de las cuales resaltaban grandes garras afiladas - Ingresa al agua – continuó indicando la bestia - nada hasta la profundidad, cuando hayas llegado un remolino te conducirá al templo, sin embargo, hay una instrucción que debes contemplar, cuando el agua cubra tu cuerpo nada con los ojos cerrados y no los habrás hasta haber tocado el fondo.
- ¿Debo temer? – preguntó la joven.
- No puedo saber la respuesta.
- Conoces porque cometí tal crimen ¿No crees que ya he sido castigada?
- No puedo hacer nada por ti – expresó con voz firme, al escuchar estas palabras, ella corrió a él para abrazarlo fuertemente, con sus manos, de manera suave acarició la dura y áspera piel del animal, fue allí cuando tuvo el valor de mirarlo a los ojos.
- Gracias – dijo, aquel monstruo, se notó sorprendió, seguramente nunca había recibido un gesto de cariño, quizá por ello su ser era frio, no obstante, después de ese momento, algo en su interior cambio, pues susurró una frase.
- No importa que pase, todo está en tu mente.
Comprendí que debía proseguir, por lo que le indiqué caminar pausadamente hacía el agua; su corazón agitado me obstaculizaba trabajar, aun así, traté de ordenarler ciertas cosas, como que introdujera sus pies sobre el cristalino líquido, entonces, sintió tanto frio que sus huesos se paralizaron, decidí por ello salir, pero, sus pies no escuchaban mis órdenes, era como si tuvieran la obligación de continuar, luché en repetidas ocasiones para volver, sin embargo, no lo conseguí, por eso acepté su destino; ella se adentró e inició a nadar.
Después de largo rato, comencé a desesperarme, no encontraba el fondo, los brazos apenas podían proseguir y el aire se estaba acabando; olvidé las palabras del animal y abrí los ojos para verificar donde se ubicaba, al principio me pareció surreal debido a la hermosura, pero posterior, me aterroricé, pues todo se tornó en sus miedos jamás contados, grité olvidando que se encontraba bajo el agua e inició ahogarse.
Se desconoce la razón por la que el remolino, al ver lo que sucedía intercedió, giró un poco su eje y como ella no se encontraba muy lejos del fondo, este pudo tomarla del tobillo y sacarla. Respirar aceleradamente fue lo primero que hizo al encontrarse fuera del agua, luego nadó hasta la orilla y una vez allí se recostó sobre la arena en posición fetal, temblando y llorando sujetaba su cabeza con sus manos, así permaneció hasta que se quedó dormida.
No puedo saber cuánto tiempo durmió, sin embargo, sé que al despertar sintió ligeras molestias en todo su cuerpo, se levantó y observó como unos diminutos animales, con figura amorfa, mordían su piel.
- Déjenme – gritó, aventando a todos los animalitos, quienes se fueron corriendo, cuando se puso de pie y dio la vuelta encontró a un hombre sentado en lo que parecía ser un trono, este se hallaba sobre una montaña hechas de gradas cubierta de un material que resplandecía, el respaldo del trono era un enorme circulo con muchos símbolos y dos ojos rubí en medio, la silla era sumamente elegante, en cada brazo resaltaba la figura de una calavera y la base eran ornamentos que daban forma a unas patas de león.
Ella se acercó con pasos cautelosos, pero firmes, a los pies de él, echado como un sumiso cordero observó al animal que la había llevado hasta la cueva, seguro aquel hombre era una especie de rey en ese lugar, su rostro no podía distinguir, pero, cuando estuvo ante la primera grada, dispuesta a subir, él mencionó:
- Detente, no eres digna de tocar un escalón de este trono – ella caminó hacia atrás y guardó silencio - ¿Sabes por qué estás aquí?
- Lo sé y antes de conocer que pasará conmigo deseo implorar piedad, he actuado en defensa propia ¿Es un pecado, acaso, haber defendido mi dignidad?
- No, pero de haber actuado diferente no estarías aquí.
- De haber actuado de forma diferente estaría en manos de ese violador, dime ¿qué más castigo puedes darme del que ya viví?
Aquel hombre río a carcajadas y ella se sintió tan ofendida ante su actitud, que se atrevió a tomar una piedra del suelo y aventarla, esta le cayó en el hombro izquierdo; en un principio aquel tipo se desconcertó, pero cuando comprendió lo que había ocurrido, encolerizo tanto que bajó de su trono y cuando la tuvo de frente se convirtió en ese sujeto que tanto le había hecho daño.
- No es real, estas jugando con mi mente, no te tengo miedo – expresó ella.
- Me tendrás – dijo aquel hombre – comúnmente los pecadores se enfrentan a mi mejor guerrero, pero por la osadía que has cometido esta noche, te encontraras conmigo en un combate el día de mañana, si me ganas podrás elegir entre la vida o el cielo, pero si pierdes, te torturaré por el resto de la eternidad, sin piedad.
Ella se quedó sin poder pronunciar palabra alguna, porque yo asimilaba cuan injusta sería aquella batalla, no había oportunidad de poseer la victoria ¿Cómo se le gana a un ser que podría convertirse en cualquier cosa? La quimera fue interrumpida por otros seres que la llevaron a una habitación, en realidad no les puse mucha atención por eso no puedo describirlos, lo que si recuerdo claramente fue cuando ingresó en la habitación, sintió alivio porque no había ninguna criatura extraña, se sentó en el suelo, pero a los pocos minutos de haber llegado, empezó a sentir frio y conforme se prolongaba su estancia, este se hacía más intenso.
Estaba reteniendo con la fuerza que aun disponía su deseo de sobrevivir; no obstante, era como un girasol en la Antártida, no recuerdo mucho, pero alguien la tomó del brazo y la sacó de allí casi en agonía, después mucho ruido la hizo despertar, entre abrió los ojos y una multitud de cosas que no distinguía gritaba, apenas recuperaba su conciencia cuando alguien aventó una espada cerca de sus manos, posterior un valde de líquido rojo y caliente que la llevó a despabilarse por completo; tomando una gran bocanada de aire recobró sus sentidos, escuchó entonces como se reían de ella y alababan a su rival.
Se puso de pie, seguidamente observó a su contrincante, era demasiado alto, con un cuerpo raquítico, ojos blancos y dientes puntiagudos, él ordenó recoger la espada, ella miró el objeto, lo tomó del puño; sin embargo, estaba muy pesado que no logró levantarlo, las risas del aparente público desbordaban, era prácticamente un payaso de circo, solicitó entonces un objeto más pequeño para combatir, petición que fue concedida.
Dio inicio a la pelea, aquel sujeto se aventó a ella, la joven no hizo otra cosa que correr, pues por más que me esforzaba en pensar como ganar, no se me ocurría nada, no quería ser torturada, pero tampoco sabía cómo proceder. De un salto él estuvo junto a la chica; con minúsculo esfuerzo la empujo al suelo, luego colocó la punta de la espada sobre su pecho, ella aventó su cuchillo a la canilla del hombre acertando su puntería y traspasando la piel, entonces se escuchó un grito de ira, el sujeto enterró la espada; sin embargo, ella, se había movido de lugar, cuando este alzo la mirada, la joven aventó mucha tierra a sus ojos, la audiencia no creía lo que estaba sucediendo, se hallaban anonadados y dejaron de reír.
Él enfureció tanto que la tierra inició a temblar, limpio sus ojos y fue por ella, pero ya no viéndola como una chiquilla, sino como una fuerte rival, cuando le dio alcance, supe que era nuestro fin. Todo fue tan rápido, que apenas alcance a percibir como la tomó del cuello y estrelló contra el suelo, posterior le enterró la espada en su brazo izquierdo, haciéndome gritar de dolor e incapacitándome para poder ordenarle algún movimiento.
Él se acercó a su cuello decidido a concluir con la pelea, no obstante, algo inimaginable sucedió, un enorme animal saltó sobre su cuerpo y lo aventó lo suficientemente lejos, que le dio tiempo para desenterrarle la espada con una sola mordida.
- Sube a mi lomo – ordenó aquella bestia, era el mismo que la llevo hasta el agua, el que estaba a los pies del rey, no podía creerlo, había robado la lealtad de aquel animal a su amo – no escuchaste, sube rápido – repitió casi gritando, ella subió y la fuga dio inicio.
- ¿A dónde iremos?
- Tú, a casa.
- ¿Y tú?
- Eso no importa – cabalgaban velozmente cuando percibió que una camada de jaguares venía tras ellos.
- Nos están siguiendo – gritó.
- Lo sé – entonces una flecha fue disparada, pero no traspasó la piel de su ahora amigo, en varias ocasiones recibieron descargas sin que hubiera consecuencias, hasta esa última, que seguro era especial, pues la pierna del animal fue herida, él intentó frenar sus pasos, sin embargo, el dolor lo hizo tropezar y ambos rodaron, se escuchó un aullido de lamento y ella observó al antiguo amo de la bestia dispara nuevamente una flecha – vete, huye.
- No puedo abandonarte, tú me has salvado de la muerte.
- Y si no te vas ahora no habrá valido la pena, solo ten en cuenta algo, todo está en la mente y por favor, no mires hacia atrás.
Ella se levantó y corrió lo más rápido que pudo, pero un toc, toc de curiosidad en su corazón la detuvo y desobedeciendo las palabras de su amigo volvió la mirada atrás. No pudo contener las lágrimas cuando observó como la enorme bestia que parecía invencible era devorado por los jaguares.
Muéstrame un camino sin espinas,
Antes que decidas abandonarme,
Porque mi dolor no cesa
Y mi armadura esta desecha.
Inocente no soy de mi infierno,
Pero creí que existía una salvación,
No sé cómo hacerlo sola
Y de tristeza mi ser llora.
Escúchame y comprende mi actuar,
Deseo únicamente que no desistas,
Responde desde tu juicio,
Que presente esta mi albedrio.
Si mis palabras no te convencen,
Entonces considera mi aspecto,
Contempla por un segundo,
Como es que mi existencia hundo.
Suplicó entre dientes.
Tenía tanto miedo que por más que observaba su alrededor no imaginaba alguna salvación para ella, con escasas esperanzas decidió que aquel animal, no había traicionado a su amo y dado su vida para que ella se dejara morir, así que continuó corriendo sin rumbo en particular, después de largo tiempo, llegó a la cima, donde ya no había más camino, se sentó muy cerca del despeñadero a pensar, allí escuchó unos rugidos, seguramente la habían encontrado, aquel rey se dejó ver montado en un enorme jaguar.
- No puedes huir más – dijo convirtiéndose nuevamente en la persona que ella odiaba, fue allí cuando comprendí las palabras de su amigo y le ordené gritar.
- No, todo está en la mente.
- ¿Qué?
- Todo está en la mente y yo estoy viva – vociferó con mucha fuerza – estoy viva – expresó llena de convicción – yo estoy viva – dijo por última vez y entonces despertó del coma.
Última modificación: 2025-06-06 20:22 (hora CDMX)