Texto de Sebastian
Patch
Adán va caminando por una calle de reforma un viernes por la mañana, se siente inseguro y claramente incomodo, como si lo estuviera siguiendo, esta en camino a una entrevista de trabajo para a una empresa que busca programadores, nunca había ido a alguna, no tenía experiencia y había dejado la carrera a la mitad, aún con todo eso creía que podría con el trabajo.
Esas calles se ven tan limpias, tan cuidadas, ve a los turistas caminar tan despreocupados y lo hace enojar, no sabe porque, pero el simple hecho de verlos le causa nauseas.
Sigue caminando y el sentimiento de inseguridad crece y se vuelve cada vez más presente, necesitaba calmarse mira de un lado a otro buscando una tienda o algún local, todo lo que hay son restaurantes, hoteles y grandes plazas.
Se ve rodeado de cosas a las que el fácilmente no puede acceder hasta que ve un puesto de elotes a unas 2 calles, continúa caminando, casi trotando, choca con un par de personas hasta que llega, el que atiende es un señor mayor, Adán calcula que esta entre los 70 y 80 años, por su cabeza se le cruza un pensamiento ¿Por qué seguirá trabajando? Y la respuesta termina siendo absurdamente evidente.
-Hola jefe ¿me puede dar un elote? -pregunta mientras saca la cartera.
-Si claro, ¿del que pica o del que no pica?
-Del que pica por favor, ¿Cuánto seria?
-Sesenta pesos hijo.
- ¿sesenta? -hace una mueca mientras mira su cartera, en ella solo s e encuentra un billete de 100, de mala gana lo saca y se lo da -tenga.
-Gracias -dice el señor mientras se ríe muy discretamente y le da el cambio.
Adán se detiene un momento mientras se come su elote siente como el presentimiento lo va dejando.
Una vez que se calmo cree que puede continuar con su camino, ve la hora y ve que ya es tarde, comienza a caminar rápidamente, la entrevista es a una calle de ahí.
Al fin llega, es un edificio gigantesco como si llegara más arriba de lo que llegan las nubes, está construido con ventanas y cristales azules, piensa en lo frágil que se ve, pero, contradictoriamente parece imponente y hermoso.
Entra en la recepción que está llena de luces cálidas y colores marrones, ve a una chica de aspecto joven y delicado combina perfectamente con todos los colores que inundan la sala, lo cual lo intimida, se acerca lentamente hasta que llega con ella.
-Hola buenos días, vengo por la vacante de programador- dice Adán un poco nervioso.
La chica voltea a verlo, deja ver sus ojos, son de un color verde, lo cual alivia un poco a Adán, esos ojos reflejaban vida, esperanza y aventura.
-Buenas tardes, por favor pase al elevador, al fonde del pasillo a la izquierda y suba al piso numero 21 -mientras le señala el camino.
-Muchas gracias -responde Adán cortésmente y continua por su camino.
Mientras camina por el pasillo piensa en que va a decir durante la entrevista, en eso llega al elevador, aprieta el botón para que llegue, afortunadamente no hay nadie, presiona el botón con el numero 21 y comienza a subir.
Se abre la puerta y una voz dice “piso numero 21” Adán sale del elevador y ve un pasillo lleno de gente con traje sentados alrededor del pasillo.
- ¿Esta es la sala de espera para la entrevista del puesto de programador? -Le pregunta a un hombre que estaba sentado cerca del elevador.
El hombre solo asiente y Adán toma un lugar junto a él.
Comienza a ver a los demás postulantes, son alrededor de 30, todos con trajes perfectos, de color azul impecable, los zapatos bien boleados y brillantes, traen sus carpetas de cuero con logos de muchas universidades unos de UNAM otros del IPN uno que otro del tecnológico de Monterrey, el sin embargo lleva un traje negro, su color se ha ido deslavando a lo largo de los años, sus zapatos tienen arrugas y trae su CV en un folder de papel color verde.
Pasan los minutos y los minutos se convierten en horas, ve como van llamando a algunos y salen después de un rato toman sus cosas orgullosamente y se van. La espera se hace eterna, el sentimiento de inseguridad vuelve a aflorar y con más fuerza que nunca, su corazón late con fuerza, es como si me estuvieran hirviendo a fuego lento piensa.
-Adán Gonzales -grita el hombre que esta dentro de la habitación.
Adán se para rápidamente y camina por el largo pasillo que antes estaba lleno de los demás postulantes.
Entro a la oficina que estaba pintada de un color celeste, las ventanas estaban cerradas, estaba iluminada solo pro un foco color amarillo que hacia que las paredes parecieran de un color verde enfermo, aquel tipo de verde que solo se relacionar con los muertos.
Ve por primera vez al entrevistador, por fin pudo ponerle rostro a aquella voz que los llamaba desde dentro, aquel que a juzgaba las capacidades de los postulantes, era un hombre blanco, que tenía cabello blanco al igual que su barba corta pero tupida, sus ojos eran de un café muy oscuro, faltos de vida, casi inclementes.
-Buenos días -pronuncio Adán nerviosamente.
-Buenos días, mi nombre es Oliver -hizo una pequeña pausa y tomo un poco de agua- cuéntame Adán ¿de donde vienes?
-Vengo de mi casa, allá por San Felipe en la Gustavo A. Madero.
-Muy bien, ¿me podrías contar un poco de ti por favor? -dijo con una voz tranquila, casi amigable, estaba sentado cómodamente, pero esos ojos, seguían diciéndole lo mismo a Adán, parecían los de una bestia que esta esperando su momento para atacar, Adán se sentía cada vez más desconfiado –¿quién eres tú? ¿Cuáles son tus metas?
Oliver tomo una copia del CV que tenia en el escritorio
-Pues, soy hijo único de mi familia, me gusta mucho aprender porque funcionan las cosas, me gusta resolver los problemas que tengo y aprender a como sobrellevarlos de mejor manera, me gusta también mucho el arte, a veces me gusta buscar pinturas en internet y apreciarlas, nunca fui un gran deportista, en rasgos más generales soy una persona tranquila que le gusta disfrutar de los momentos de la vida -Dijo Adán esperando algún tipo de reacción, Oliver no lo miro gran parte del tiempo que estuvo hablando, estaba viendo la copia del CV que tenía.
-Tengo una duda Adán -Mientras señala uno su dedo el CV -Aquí dice que no terminaste la carrera.
Al escuchar esas palabras Adán sintió como el suelo se le caía.
-Es que tuve un problema económico, mi mamá acaba de perder su empleo, ya es una señora mayor y no nos alcanzaba para los gastos de la carrera, aguantamos un par de meses con el dinero que nos quedaba pero no fue suficiente, ya no la quieren contratar, tengo todos los conocimientos que se pueden necesitar para este puesto -dijo muy acelerado, miro a Oliver buscando una pizca de piedad -Por favor ayúdeme.
La mirada de Oliver decía todo, no importaba lo que hubiera dicho Adán no habría logrado hacerlo cambiar de opinión.
-Lo lamento chico, pero en esta empresa buscamos a alguien más experimentado, si no tuvieras experiencia, pero con la carrera terminada lo pensaría, pero en estas condiciones no puedo aceptarte. Sal por favor.
Adán tomo su folder y salió al pasillo, le zumbaban los oídos y se sentía mareado, todavía había postulantes, caminaba enfrente de uno, tras otro y tras otro.
-Susana Citlali -grito Oliver desde el fondo invitándola a pasar.
Adán subió el elevador y salió del edificio sin voltear a ver a la recepcionista que le dijo -tenga buen día cuando paso al lado de ella- salió del edificio, volteo a ver a un lado, luego al otro y vio al señor de los elotes mientras que se preguntaba ¿Qué le habrá pasado a él?
Última modificación: 2025-06-07 11:58 (hora CDMX)